¿Cómo será eso de alejarse para pensar, imaginar, suponer... y a la vez seguir la corriente para no sentirse el espíritu de la contradicción?
"Por primera vez le sugiero recurrir a la medicación para alcanzar la tranquilidad que me proporcionarían los sedantes, para dormir durante mucho tiempo sin pensamientos molestos que me bullen en el cerebro y me angustian. Estoy muy cansada, mucho. Me duele el corazón, que parece no hallar acomodo en el pecho, y percibo hasta tal punto el peso real del alma (21 gramos, dicen que pesa, pero a mí me parece que pesa mucho más) que algunas veces temo no poder resistirlo. Es como el peso de la vida, que se me hace insoportable. Él dice que si me durmiera o simplemente me aturdiera o me alelara, los problemas seguirían estando ahí al regresar del sueño o letargo. “Cuando despertó, el dinosaurio seguía ahí”. Tiene razón, lo sé, pero me gustaría descansar. Me figuro que al dormir dejaría de pensar, ¿y así sólo soñaría?, si es que me daba por soñar. Ya ni siquiera sueño, hasta ese extremo se me apagan los sentidos. Quizá es que no recuerdo los sueños. Ahora tengo sólo visiones, esas visiones tan extrañas y aleatorias, siempre inesperadas, que se me quedan impregnadas como sueños esquivos en alguna esquina de la memoria que guarda sensaciones que parecen destinadas a no contarse jamás, o no contarse adecuadamente. Sería un consuelo, después de todo, poder contar coherentemente las escenas que se suceden en esas visiones que son como recuerdos de otra vida, retazos que se me presentan de improviso para que no me olvide de las cosas que quizá me hirieron y por eso las he arrinconado, y por eso ellas (las cosas) quieren salir, tanto si quiero como si no quiero.
"Por primera vez le sugiero recurrir a la medicación para alcanzar la tranquilidad que me proporcionarían los sedantes, para dormir durante mucho tiempo sin pensamientos molestos que me bullen en el cerebro y me angustian. Estoy muy cansada, mucho. Me duele el corazón, que parece no hallar acomodo en el pecho, y percibo hasta tal punto el peso real del alma (21 gramos, dicen que pesa, pero a mí me parece que pesa mucho más) que algunas veces temo no poder resistirlo. Es como el peso de la vida, que se me hace insoportable. Él dice que si me durmiera o simplemente me aturdiera o me alelara, los problemas seguirían estando ahí al regresar del sueño o letargo. “Cuando despertó, el dinosaurio seguía ahí”. Tiene razón, lo sé, pero me gustaría descansar. Me figuro que al dormir dejaría de pensar, ¿y así sólo soñaría?, si es que me daba por soñar. Ya ni siquiera sueño, hasta ese extremo se me apagan los sentidos. Quizá es que no recuerdo los sueños. Ahora tengo sólo visiones, esas visiones tan extrañas y aleatorias, siempre inesperadas, que se me quedan impregnadas como sueños esquivos en alguna esquina de la memoria que guarda sensaciones que parecen destinadas a no contarse jamás, o no contarse adecuadamente. Sería un consuelo, después de todo, poder contar coherentemente las escenas que se suceden en esas visiones que son como recuerdos de otra vida, retazos que se me presentan de improviso para que no me olvide de las cosas que quizá me hirieron y por eso las he arrinconado, y por eso ellas (las cosas) quieren salir, tanto si quiero como si no quiero.
'¿Seré como los seres humanos normales y
corrientes, esos que necesitan pertenecer a algo, a un colectivo social, a una
manada? A lo que sea, da igual, lo que importa es pertenecer. ¿Seré, después de
todo, tan normal como para necesitar sentirme de un lugar, de un clan, de una
familia, de un grupo social? El dolor por no ser aceptada quizá me hace creer
que no quiero estar integrada en ningún lugar identificable, y lo que no he
encontrado (quizá) es mi lugar en el mundo.
'Sí, necesito mirar a mi alrededor y ver personas
arropándome, sintiendo su calor. Él dice que los seres humanos tienen
comportamientos sociales, sean como sean en su individualidad. Yo le digo que
esa dependencia me incomoda, me descoloca. Sobre todo cuando está la familia
por el medio. Quiero que mi familia me quiera. Quiero querer a mi familia, pero
me pierdo en el entramado de códigos que se dan entre personas que deberían
tener la costumbre de tratarse y sin embargo carecen de esos códigos porque no
los han puesto nunca en práctica. Le digo que no me sale exteriorizar ciertas
manifestaciones de cariño, que no sé cómo se hace eso de querer haciéndolo
saber además de demostrarlo. Él dice que quizá sólo quiero el concepto de
querer, la parte teórica que recomienda querer, pero que en la práctica no lo
deseo realmente. Me quedo pensando un rato y llego a la conclusión de que
probablemente esté en lo cierto. Me parecen más atractivas ciertas situaciones
cuando se contemplan desde lejos y con cierta distancia. Estando lejos puedo
pensar, imaginar, suponer… Si estoy demasiado cerca se me descontrolan los
sensores y hago o digo cosas que no siento o no quiero, sólo porque hay que
hacerlas o decirlas, para seguir la corriente y no causar mala impresión o
parecer el espíritu de la contradicción.
'No soy libre, ando como encerrada o
encajonada en sentimientos de culpa y deseos de libertad. Digo que hago lo que
quiero, pero no es verdad. Ando siempre demasiado preocupada por lo que
pensarán de mí los demás, por lo que dirán, por si me querrán después de haber
visto cómo soy y cómo me comporto. Hasta me preocupa el modo que tendrán los
demás de quererme. Pero sobre todo me preocupa mi incapacidad para lograr que mis
sentimientos sean justa y cabalmente interpretados. Querría que en todo momento
quedaran claras para el resto del mundo cada una de mis acciones y el porqué de
mis reacciones. Él dice que no pretenda imposibles. Yo le digo que de las
utopías puestas en marcha por los ilusos se ha ido haciendo la vida".
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