Lo digo como me lo dijo, sin poner ni quitar nada: «El Diablo es más lógico, más razonable. El Diablo tiene sentido y sabe a dónde va. Dios, en cambio, es un simplón que piensa que todo irá bien si debe ir bien, pero no explica cómo puede ir bien aquello que debe ir bien, y lo deja todo al dichoso albedrío que envuelve en una pátina de tontuna que acaba por confundir a los humanos y los hace agarrarse a la paciencia, a la resignación cristiana, al advenimiento de lo que sea que vendrá cuando a Él le dé la gana que venga, si se la da, que esa es otra: como tiene toda la eternidad por delante, juega con la paciencia de sus criaturas de manera cruel e innecesaria; es lo que tiene ser todopoderoso y controlar el Universo a su antojo, que se deja de prestar atención a las pobres criaturas cuya existencia es finita, y se piensa en términos de grandeza ilimitada en todos los casos.»El Diablo, sin embargo, camina despacio, siguiendo los pasos de los humanos, que son cortos, indecisos muchas veces, dubitativos las más; y cómo no van ser cortos, indecisos y dubitativos, si casi nunca saben a dónde van, y cuando creen saberlo aún dudan en algún momento, y entonces quieren rectificar, pero sin dar su brazo a torcer, de ahí los titubeos que el Diablo ve de lejos, por eso decide seguirlos, para alentar su caminar penoso, para apoyarlos con un empujoncito si hace falta».
Así me lo dijo; y que seguiría diciéndome más si hacía falta.